Julio Iglesias continúa con su gira veraniega por España. Económicamente, no parece hacerle falta subirse a un escenario pero sí parece ser una necesidad emocional. Es lo que dice y repite cada vez que le preguntan si su retirada está cerca, asegurando que no sabe “vivir sin los focos". Esta vez tocó cantar en Elche, y en lugar de viajar horas antes de que comenzase el concierto en el habitual avión privado, esta vez desde Málaga a Alicante, prefirió llegar con antelación e instalase en el Sha Wellnes, una clínica dedicada al bienestar y a la salud ubicada en Altea.
El intérprete de Manuela dejó a su familia en Ronda, en la finca que compró hace años a Curro Romero y a un libanés que poseía una de las partes, y se relajó en este centro terapéutico y macrobiótico, que también recibe todos los años a la espectacular jequesa de Catar. Aunque entre Iglesias y la jequesa media un amismo en cuanto a estilos de vida. Julio hace vida social compartiendo instalaciones con el resto de clientes mientras la jequesa acota las zonas que va a utilizar y es difícil coincidir con ella en lo que define como su ‘paraíso’ en España.
Julio llegó el viernes al aeropuerto de Alicante con su equipo y desde alli se desplazaron en coche hasta el Sha Wellnes de la familia Bataller, donde tenía reservadas nueves suites mas la suya de ciento ochenta metros cuadrados, con vista al skiline de Benidorm. La misma ciudad en la que un día cantó La vida sigue igual y consechó un enorme éxito. El cantante siempre elige la misma tónica: cada año elige las mismas plazas y se asegura la venta de entradas por anticipado. "Julio ya no se arriesga con un aforo medio y por eso controla absolutamente todo", dicen desde su entorno. Además, sigue viajando con su equipo de siempre, que comparte el mismo establecimiento donde él se aloja.

Una vez finalizado el concierto, regresó de vuelta a su reducto de salud y a la visión de las luces de Benidorm. Esa noche también había cantado su eterna La vida sigue igual.
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