

Buen amigo de Julio Iglesias, al que considera el “español del siglo XX” en términos de popularidad, conoce al dedillo anécdotas de la faceta vital y profesional del cantante. “Es un señor al que, desde el Polo Norte al Polo Sur, lo conoce todo el mundo”, asegura. También recuerda los entresijos de la contratación de Iglesias en CBS, a finales de los setenta. “Era difícil conseguirlo porque la Columbia lo tenía contratado con un sinfín de subsidiarias de por medio en todo el mundo. Dimos con la fórmula para contratarlo en CBS. Hicimos una campaña televisiva muy fuerte y vendimos 1.200.000 discos”.

Cuando se encargó de conseguir que actuase en los mejores locales del país, también se tuvo que enfrentar a dudas escépticas sobre el entonces joven intérprete de Yo soy aquel. “Don Pepe, muy importante en México a la hora de organizar conciertos, me dijo muy preocupado: 'Hemos escuchado el disco y eso no va con los mexicanos porque ese chico grita mucho'. Se hizo la presentación y fue histórica porque él es un genio”, recuerda.
Desde México, volvió a España, donde, tras su paso por la influyente Hispavox, Muñoz fundó CBS en nuestro país, en su propio apartamento de la calle Juan Ramón Jiménez. “Estuvimos tres meses allí y de tanto trasiego se me estropearon las alfombras. Hacíamos cosas atrevidas. Por eso lanzamos, por ejemplo, Vientos del pueblo, de Miguel Hernández. Había que presentarlo todo a la censura. Me dijeron que por qué lo hacíamos de Miguel Hernández y no con letras de Pemán o Dámaso Alonso”. Allí hicieron de todo, desde inventar el gipsy rock con las Grecas, a lanzar a los más grandes. Después, en los ochenta, se fue a América Latina y fue el máximo responsable de la CBS allí, descubriendo a Donato y Estefano, Ricky Martin o Chayanne. “Vamos a sacar a un puertorriqueño joven, guapo, que nos dé un éxito”, me dijeron respecto a Chayanne. Sin embargo, el mánager ya había hecho un contrato con Televisa, la televisión de México. Tuve que volar a Panamá y cuando llegué fui a ver al chico. Hablé con él y esa inocencia y sinceridad me ganaron por completo”.

Una vida de película
Muñoz no llegó a la cima de la nada. Nacido poco antes de la Guerra Civil en Villanueva de Córdoba, veía cómo la gente le quitaba excrementos de rata a la comida y era testigo de las persecuciones a su tío Zacarías por haber formado el Partido Comunista en Córdoba. Esa ha sido, precisamente, la ideología que siempre ha defendido a pesar de su privilegiada posición: “La derecha, con dinero y sin dinero, siempre ha estado muy lejos de mí”, comenta.Siendo solo un adolescente pasó por un colegio de jesuitas y allí descubrió la música cantando en un coro. Después de dar clases de magisterio, se aventuró a salir de España formando parte de un grupo de católicos de izquierdas y recorriendo la Unión Soviética. Después vino lo difícil, al volver de los países comunistas y ser considerado un desertor por no hacer el servicio militar. Arreglándoselas como pudo, volvió a París y desde allí pudo volar a México.

Cuando logró llegar al país, proporcionó grandes éxitos a la discográfica Gamma y después volvió a una España algo más luminosa para fundar y presidir la CBS. Tras nacer en su propio apartamento, la discográfica pasó a establecerse en unas oficinas de la Torre de Madrid. Desde allí vio pasar al mismísimo Nixon, que visitaba España e iba acompañado de Franco y se negó a aplaudirles desde el balcón de su despacho. Allí también hizo los primeros contratos con artistas como Cecilia, que “también era rebelde e hizo unas canciones magníficas sobre la Guerra Civil. Siempre la tengo en mi memoria”, asegura. Este hombre, que llegó a trabajar en India junto a la madre Teresa de Calcuta, organizó un memorable homenaje en Miami a Lola Flores o recibió en nuestro país a la mismísima Marlene Dietrich, sólo da “gracias a la vida”, como decía la mítica canción de Violeta Parra. “El programa que me hice cuando era niño se ha cumplido. ¿Qué pido ahora? No tengo nada que pedir. En todo he tenido una suerte bestial”. Hoy, es un hombre que disfruta de unos privilegios ganados a pulso, y que, a pesar de haber sido todopoderoso, ya no tiene nada que pedir. A sus 79 años se limita a escuchar todo lo que la canción de la vida puede ofrecerle, que es mucho.
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